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ACERO Y PLATA DE LUNA

Mis relatos Mike Blackness. Fragmento nº 13. La señora Azul, el Sapo y el pequeño Butch.

Mike Blackness. Fragmento nº 13. La señora Azul, el Sapo y el pequeño Butch.

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¿Por quién empezamos? ¿Por el Sapo? Vale, por mí no hay inconveniente.

Hay tanto que contar.

El Sapo, como todo el mundo se puede imaginar, no es un sapo auténtico, ese vertebrado anfibio bastante feo y viscoso. El Sapo se llama, en realidad, Miles Davis.

Sí, exactamente como el famoso músico de jazz.

Nuestro Miles Davis no tiene nada que ver con el mito. Para empezar, no es músico. Tampoco es negro.

Ni siquiera le gusta el jazz.

El que adoraba esa música maravillosa era su padre. Y no se le ocurrió otra feliz idea que ponerle Miles a su hijo.

Como un homenaje al genial trompetista, revolucionario del jazz.

El Sapo nunca le perdonó ese pequeño desliz mitómano a su padre. Al fin y al cabo, le dieron mucho la tabarra con su nombre a lo largo de su vida, sobre todo cuando era pequeño. En la adolescencia le dio por engordar y se le empezó a desarrollar una papada importante sin venir a cuento. El caso es que llegó un momento en que su cuello estaba tan desarrollado y lleno de grasa que, literalmente, hizo desaparecer a su barbilla. Los compañeros de clase, que siempre están ahí, que siempre se puede contar con ellos para que te avergüencen y te recuerden, a diario, tus defectos, tus pequeñas miserias, rápidamente le cambiaron el nombre. A partir de entonces se acabó lo de Miles Davis y pasó a ser, simplemente, el Sapo.

El Sapo no opuso resistencia.

Que te pongan un mote que alude a un animal tan poco atractivo como el sapo porque posees una papada repugnante no es que sea una maravilla, pero cualquier cosa era preferible a volver a escuchar alguna referencia al mítico jazzman.

Su nuevo nombre pasó a ser una constante en su vida. Él siempre fue el Sapo en todos los universos por los que apareció. Y siempre fue él mismo, con su obesidad y su papada descomunal, en todas las dimensiones.

Nunca hubo un respiro.

 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

Cortázar

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Mis relatos Mike Blackness. Fragmento nº 13. La señora Azul, el Sapo y el pequeño Butch.

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