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ACERO Y PLATA DE LUNA

Literatura Marías y Bolaño

Marías y Bolaño

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Estos últimos meses después del verano he hecho un paréntesis en mi habitual lectura de los clásicos para leer algunas novelas de dos escritores que me habían llamado la atención por diferentes motivos. Se trata de Javier Marías, que colabora a menudo con artículos de opinión en el diario El País, el mejor diario que se edita en España, sin duda, y de Roberto Bolaño, fallecido en el 2003 y cuyas novelas son muy apreciadas fuera de nuestras fronteras. Era ésta una manera de ponerme al día, yo que soy más de una literatura lejos de aquí, sea rusa, anglosajona o hispanoamericana. Para la selección de los libros hice lo de siempre: escudriñar la web, a saber, wikipedia, críticas, clasificaciones de libros, etc. De Marías, elegí Todas las almas, Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí y finalmente Los enamoramientos. De Bolaño, opté por Los detectives salvajes y 2666, claro sus mejores novelas según todo el mundo, y, como cayeron en mis manos, leí asimismo La pista de hielo y Los sinsabores del verdadero policía. También conseguí sendos libros de cuentos de los dos escritores que he estado hojeando, éstos en competencia directa con otros que voy leyendo simultáneamente, Nueve Cuentos de Salinger y una selección de la editorial Cátedra de Horacio Quiroga
Si tuviera que contestar qué escritor, Bolaño o Marías, me ha gustado más, he de decir que me decanto por éste último, sin lugar a dudas, aunque a ninguno de los dos voy a ponerlo junto a mis favoritos. Vayamos por partes. O por libros. Con Bolaño empecé con La pista de hielo, que casi no merece la pena comentar. Es una novela corta que no tiene gran interés y no permite atisbar el talento que sí posee Bolaño. Después ya me sumergí en Los detectives salvajes, su mejor novela para mí a pesar de que hay gente que opina que ese honor le corresponde a 2666. Definitivamente no. Bolaño, que había dedicado buena parte de su carrera a escribir poesía dentro de una corriente que se llamó Infrarrealismo, una poesía que a mí no me inspira para nada, consiguió afilar una prosa magnífica sobre todo en Los detectives pero también en 2666. Tiene hechuras de gran escritor, te sumerge en la trama y tienes ganas de leer y leer y ver qué pasa con esos tipos raros que son los protagonistas y todos sus satélites. Además te cuenta cosas que no conoces, de un país muy lejano, Méjico, lejano no en distancias, sino cultural y socialmente, y sobretodo historias que consigue que te interesen. Y esto sirve también para 2666.
El problema con ésta última no son sus 1100 páginas, eso a mí no me asusta ni me preocupa. Lo que realmente me ha decepcionado terriblemente es que no va a ninguna parte. Es como una obra inacabada. De hecho Los detectives también tiene esta vocación de historia sin principio ni fin, pero en ella se puede soportar, tiene un sentido, aunque yo sigo sin perdonarle a su autor que no sea capaz de concluir una sola historia. A mí me gusta que me cuenten algo, que me lo cuenten bien, y esto lo hace Bolaño, pero me hubiese encantado que se hubiera molestado en acabar sus novelas. Y no estamos hablando de que son novelas surrealistas que no tienen final o novelas en las que ya se presupone el final o en las que el lector tenga que poner de su parte. No. No se trata de eso. Es que sencillamente, se inventa una historia, en parte biográfica, en unos escenarios que conoce muy bien porque ha pasado allí parte de su existencia y da vida a unos personajes que recuerdan mucho a los que conoció en su juventud y, de repente, concluye así sin más. En 2666 aún es peor. Pretende ser la obra definitiva y para ello debería escribir al menos 6000 páginas más, porque la novela tal como la dejó es muy deficiente. Está dividida en cinco partes, con unos personajes diferentes en cada parte que sí, tienen personalidad, están bien explicados, y que se supone que tendrán que relacionarse con los de las otras partes, pero luego Bolaño no lo hace y deja todo en el aire, no acaba ni una historia, ni los relaciona, ni explica nada. Es un desastre. Cuando acabé el libro me quedé hasta cabreado. Es que la crítica y la Bolañomanía lo ponía por las nubes y yo tenía unas expectativas enormes. Chico no lo entiendo, la gente a veces se comporta como si fuera un rebaño de ovejas y si una novela es mala, es mala y ya está, no pasa nada. Y encima dedica casi cuatrocientas páginas a relatar decenas y decenas de espeluznantes violaciones y asesinatos de mujeres. Evidentemente lees los dos primeros y los cien restantes que se empeña en contar con ensañamiento, ni te los miras. Y es terrible porque después de matar a tanta mujer inocente, que hasta te duele aunque sea ficción, encima no se digna a explicar porqué, ni que les pasa a los asesinos, ni porqué lo hacían, ni saca al chivo expiatorio de la cárcel, ni nada de nada. El caso es que conseguí Los sinsabores del verdadero policía y me puse a leerlo con avidez a ver si Bolaño había reservado esta novela para cerrar algunos temas. Nada más lejos de la realidad. Insiste con su vocación de escritor de novelas inacabadas y sigue si concluir todo lo que había dejado pendiente.
Parece que me esté ensañando con el pobre hombre. Y tiene tela que sea yo el que escriba todo esto, porque normalmente en este blog es difícil que encontréis alguna crítica negativa mía a textos, películas, música o espectáculos. Y no se trata de que yo sea un pánfilo, que me trague todo sin pestañear y que no sepa distinguir donde hay calidad y talento. Sencillamente me dedico a dar mi opinión sobre las obras que me han gustado especialmente, porque me encanta hacerlo y también porque considero que es una manera de que os animéis a verlas, escucharlas o leerlas si confiáis en mi criterio, y cierto es que no escatimo en elogios hacia mis preferidas. En cambio cuando algo no es de mi agrado, y os aseguro que ocurre a menudo, normalmente lo que hago es no comentar nada. Desde esta tribuna ya he escrito en más de una ocasión que prefiero al artista más humilde intentando crear algo que a mil críticos destrozando, con o sin criterio, esa obra. Pues, por un día, yo también me convierto en uno de esos horribles críticos que no dejan títere con cabeza. Y mira que me gustaba como escribía Bolaño, pero no le perdono que me haya tenido semanas leyéndolo para acabar descubriendo que sólo había forma y que faltaba substancia, contenido,  y que no existía un proyecto real, con un objetivo y un final de historia.
Un proyecto que, en cambio, siempre está bien presente en todas las novelas que he leído de Javier Marías. Se trata de un auténtico contador de historias. Marías normalmente escribe en primera persona, y posee una finísima escritura y gran control de la narración. "No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados". Ésta es la fantástica primera frase de la que es, para mí, su mejor novela, Corazón tan blanco. De Marías me gusta especialmente cómo se saca de la manga una buena idea, fruto tal vez de la inspiración, y cómo se las arregla para darle forma de novela. De una historia que podría ser perfectamente un relato largo, consigue una novela estupenda. En general me gusta cómo escribe, es ameno y entretenido y posee una prosa de calidad. Todas las almas es la segunda novela de las que seleccioné que más me gustó. Como novela es un tanto extraña, parece medio autobiográfica, pero me parece realmente buena. De Los enamoramientos apenas leí cincuenta páginas, no consiguió engancharme con su idea, esta vez menos ingeniosa. Mañana en la batalla piensa en mí, sí que la acabé aunque me gustó menos que las dos primeras, pero reconozco su valía y también me parece fantástica la idea original de la trama. Eso sí, otra vez un pelín estirada. Y aquí empiezan las cosas que no me acaban de convencer de su literatura. Marías es un gran conocedor de la psique humana y explica los sentimientos de sus personajes francamente bien, pero a veces se pasa, se alarga, y los explica una y otra vez, sin dejar nada a la imaginación del lector. En este sentido es un poco reiterativo. En ocasiones, claro está. A mi madre le dejé algunas de esas novelas y me dijo que a veces es un pesado, que no deja de darle vueltas a lo mismo y que tuvo que pasar algunas páginas para adelante, aunque le gustaron bastante sus libros. Y mi madre es una gran lectora. Y tiene criterio. Y, casi el mismo día que me cuenta eso, me entero de que según una profesora de Hispánicas, a Marías siempre le sobran veinte páginas de sus novelas. Así que no soy el único que piensa así. Me imagino que, como escritor, cuando tienes tu novela acabada debe ser difícil comenzar con los tijeretazos. Saber diferenciar lo esencial de lo superfluo es de importancia capital en la literatura. De Marías tampoco me ha gustado, al menos en las novelas que leí, que siempre utiliza el mismo estilo narrativo, siempre en primera persona, siempre el mismo tipo de protagonista, profesor, traductor o intérprete, una especie de álter ego suyo. Incluso el nombre de la protagonista es a veces el mismo en diferentes novelas. A veces, cuando acababa una de sus novelas y empezaba otra, parecía como si todavía estuviera en la anterior. Quizás no tenga mucha importancia esto último, porque en Los enamoramientos Marías cambió de tercio e incluso puso una narradora y el caso es que no me interesó para nada y lo dejé a medias.
Éste ha sido mi acercamiento a dos buenos escritores de la literatura contemporánea. Está claro que no se trata de un examen exhaustivo que, por otra parte, no me correspondería a mí hacerlo debido a mi escasa preparación crítica. No sé si os puede servir la experiencia y la opinión de un simple lector que no pretende dar lecciones a nadie. Ahora sí, os aseguro que es de primera mano, honesta y sincera. Eso es lo poco que yo puedo ofrecer.
 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

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