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ACERO Y PLATA DE LUNA

Literatura Por favor..., ¡dibújame un cordero!

Por favor..., ¡dibújame un cordero!

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Por favor…, ¡dibújame un cordero!. Eso me pediste la primera vez que te vi, principito. No, un carnero no, un cordero viejo tampoco. Te dibujo una caja y te digo que el cordero está dentro y pones cara de felicidad. Principito, tú siempre preguntas y preguntas y vuelves a preguntar. Y no pararás de hacer la misma pregunta hasta que no obtengas una respuesta convincente a tu pregunta. Principito, eres un niño. En cambio yo te pregunto y no me contestas, tengo que leer entre líneas y por lo que cuentas y preguntas descubro que vienes de un planeta lejano. Vives en un asteroide tan pequeño, tan pequeño, que solo tiene tres volcanes diminutos y una flor. Una flor que vale por mil, porque es tu flor y necesita de tus cuidados. Pero ahora estás aquí y me haces ver lo que es importante y lo que no lo es tanto. Las personas grandes hemos perdido la perspectiva de lo que realmente importa, todos hemos sido niños antes, pero pocos lo recordamos. Los niños tienen que ser muy indulgentes con las personas grandes, nosotros entendemos de dinero y de cifras y de algunas cosas más, pero hemos olvidado el lenguaje de cuando éramos niños. Ven, me dices, como si tal cosa, vamos a ver una puesta de sol. Ah, principito, en tu pequeño planeta si estás lo suficientemente triste puedes ver ponerse el sol cuarenta y tres veces seguidas, en mi mundo solo puedes ver una puesta de sol cada día, pero puede ser muy hermosa, por efímera, y también te puedes sentir muy triste y muy solo aunque estés rodeado por millones de personas. Cuanto más tiempo paso contigo, principito, más claro veo lo que hacemos mal, hemos perdido la poesía en nuestra materialista vida y estamos tan concentrados en nosotros mismos que somos incapaces de ver más allá. Te contesté mal, principito, yo me ocupo de cosas serias, te dije. Entiéndeme, las personas grandes tenemos problemas. La vida es muy difícil para todos. Tenemos ilusiones, deseos, proyectos, temores, complejos, nos equivocamos, cometemos errores, hacemos daño sin querer, queriendo, el tiempo pasa rápido, el tiempo pasa lento, el tiempo se agota, queremos dejar huella, queremos pasar desapercibidos, nos gustamos demasiado o no nos gustamos en absoluto, queremos cambiar, no cambiamos nunca, nos queremos, nos odiamos, nos envidiamos, nos tememos, nos respetamos, nos admiramos, nos amamos los unos a los otros… Si amo una flor, para mí única entre millones de estrellas, me dijiste, eso es suficiente para ser feliz cuando miro al infinito y si esa flor desaparece es como si todas las estrellas del firmamento se apagaran de repente. ¿¿Esto no es importante?? y te echaste a llorar de una manera inconsolable. Me rompiste el corazón, principito. Te abracé entonces … y te sigo abrazando ahora. Sí, tienes razón, ¡¡eso es verdaderamente importante!!. Perdóname. Mi pequeño príncipe, dejaste tu minúsculo mundo en busca de aventura. ¿No es eso lo que hacemos todos? No valorabas suficientemente tu vida y tus pequeñas posesiones. Tu orgullosa flor no supo trasmitirte cariño y tú, inexperto, no supiste comprenderla. Nos pasa a todos, ¿acaso no es así?  En tu viaje iniciático, principito, conociste gentes de muy diverso pelaje, un rey en busca de un súbdito sobre el que gobernar, un vanidoso a la caza de admiradores, un bebedor que bebe para olvidar que bebe, un hombre de negocios que solo tiene tiempo para contar sus posesiones … Todos conocemos a personas así. Pero no vamos a juzgar a nadie, ¿verdad principito? Cada persona es un mundo y cada uno de nosotros tiene su corazoncito. Y todos somos grandes buscadores. Buscadores de felicidad. Y cada uno la busca a su manera. Y ahí está la gracia, pequeño príncipe, todos somos diferentes. Y no siempre encontramos lo que buscamos. Quizás sea eso lo que me conmueve. Y, tal vez, en esa búsqueda radica la auténtica felicidad. No lo sé, pequeño. Si esas personas grandes que conociste en tu viaje te dieron la impresión de que sabían lo que se hacían, no te lleves a engaño, las personas grandes no sabemos gran cosa. Tú tienes suerte hombrecito, tú puedes hablar con la serpiente, con las flores, con el zorro, tú eres puro y vienes de una estrella. Nos pasamos la vida aprendiendo, principito. En este viaje juntos muchas cosas han pasado. Al final del viaje ya no eres el mismo que al principio. Y de eso se trata. Ahora sabes lo que es la amistad ¿Existe algo más preciado que la auténtica amistad? Tienes a tu amigo el zorro y por supuesto me tienes a mí, principito. Mientras duraba tu viaje y sin moverse de su sitio, tu querida flor se convirtió en una rosa cualquiera entre cinco mil rosas para volver a mutar y convertirse nuevamente en tu rosa, única en el mundo. ¿Por qué?. Porque comprendiste que todo el tiempo que dedicaste a tu flor hace que sea tan importante, y ahora eres responsable de tu rosa, principito. Así que ya no eres el mismo pequeño príncipe que salió de su nido y fruto del pacto que hiciste con la que habla con enigmas y que te llevará donde te lleve, te vas sí, pero mucho más completo. Ahora sabes buscar lo esencial con el corazón, no con los ojos. Te has ido, principito, has dejado atrás tu vieja piel y has dado el salto a tu estrella y me has dejado tremendamente solo. Me gustaba tanto oírte reír.

Dedico estas letras a Antoine de Saint-Exupéry. Tu principito me hizo crecer en la difícil infancia que tuve. Tu principito me hizo soñar en la adolescencia que nunca tuve. En la madurez ya, tu principito me inspira en cada ocasión que te leo y creo que me hace un poquito mejor cada vez. Gracias.

 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

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