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ACERO Y PLATA DE LUNA

Mi Filosofía Adiós a la "no ficción"

Adiós a la "no ficción"

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Es posible que ésta sea la última entrada de no ficción que suba al blog. O quizá no. Pero esa es mi intención hoy por hoy, y lo digo escuchando Echoes, del Meddle, sí, esa maravilla de Pink Floyd, dos años antes de hacerse realmente famosos. Así que esto va en serio. De algunos discos míticos de mis grupos preferidos de toda la vida (Pink Floyd y Dire Straits), tengo dos cd's de cada. Hay que ser friki, eh? Si alguien me leyera (cosa que dudo, porque hace casi un par de meses subí esos relatos que están por ahí abajo y solo se pueden leer enteros si alguien se registra en el blog, y, ¿puedes creerlo?, nadie se ha registrado. Ni siquiera mis hermanos. Así que si no consigues interesar a sangre de tu sangre, mal vamos), me podría preguntar porqué. Pues la respuesta anticipada a esa pregunta que difícilmente me hará alguien que no me va a leer, es que ya no siento esa inquietud, esa necesidad, esas ganas de contar cosas, de dar mi opinión, de hacer críticas de películas (eso sí, críticas positivas de películas que me encantan. ¡Por el amor de Dios!, que nadie me coloque pegado, al lado, ni siquiera cerca, de esos tipos que se autodenominan críticos de cine, que son incapaces de crear nada por sí mismos y que creen que poner a parir una película sin ton ni son, para lucirse y dar a entender cuanto saben de cine cuando, en realidad, no tienen ni puta idea, es una manera decente de ganarse la vida o de pasar el rato), de contar historias de mi infancia, de compartir mi filosofía de vida. Sí, así es. Y fue de golpe. Fíjate que tengo el Pages en el Ipad con un montón de artículos, algunos empezados, otros acabados, y no me he tomado la molestia de acabar los primeros ni de subir los segundos. Cualquiera diría: ¿para qué si no te van a leer? Pero no es eso. Antes tampoco me leían y yo los subía, básicamente para mí. Sencillamente, es un cosa que ya no me interesa. Y no es que haya perdido las ganas de escribir. Que va. Para nada. Pero me he decantado. En el mundo de los escritores hay de dos tipos, los que escriben ficción y todos los demás (los que escriben obras de no ficción, esto es: libros de historia, biografías, temas de actualidad, ensayos, entrevistas, divulgación científica, todo tipo de libros que critican obras de ficción, o que critican cualquier cosa que se ponga a tiro, incluyendo otros libros de crítica, etc). Para mí los escritores de pura cepa son los primeros. Y escriben novela, poesía, relatos y punto. Eso sí, en cualquiera de sus formas. Los demás... Bueno algo hay que hacer, si no hay talento para extraer de la cabecita algo nuevo, diferente, que entretenga, que divierta, que enseñe, que inspire, pues algo hay que hacer para ganarse la vida, digo yo. Y lo dice alguien a quien no se le ocurrió otra cosa que diplomarse en Magisterio y Licenciarse en Periodismo. Menuda pérdida de tiempo. Para empezar, no me interesa enseñar, y menos a niños como los de hoy en día, a los que no les interesa aprender y para acabar, en mala hora se me ocurrió hacer periodismo. Es una de las profesiones que más odio. Sobretodo el que se hace hoy en día. De la tele prefiero no hablar, hace más de diez años que no la veo, (bueno sí la veo, el plasma, quiero decir, queda genial en el salón y va fantástico para poner mi colección de DVD's, que se está reproduciendo como un virus por toda la casa, y quieren llegar a 1000 antes de final de año) y ya no la soporto ni tan siquiera un momento si se pone por error al sacar un DVD del aparato. Diez años sin ver un telediario, sin tener que aguantar la basura de la política, diez años sin ver programas para borregos. Qué maravilla. El único periodismo que me interesa es el de los diarios y no todo. Si todos los periodistas fueran como Xavier Batalla, mi profesor de Periodismo Internacional, que falleció recientemente. Que en paz descanse, me despido aquí de él, era un periodista de pura cepa. Definitivamente, me equivoqué al elegir, como casi todos, eh? Porque, ¿de qué manera puedes saber con 18 o 20 años cómo vas a ser cuando te conviertas definitivamente en la persona que realmente quieres ser? La mayoría de la gente no llega jamás a ser lo que desearía llegar a ser. La mayoría de la gente ni siquiera se hace esa pregunta. La mayoría de la gente se contenta con ir tirando y gasta todo su dinero y su energía en criar a unos hijos que, a día de hoy, no tengo claro que tengan cabida en este mundo. Me equivoqué de estudios. Ya podía haberme licenciado en Literatura y en Filosofía, maldita sea. Algo me habría quedado. En cambio me he tenido que buscar la vida yo solito y me falta mucho por estudiar, sobre todo en Filosofía. El año que viene, si Dios quiere, (hay que ver cuánto utilizo a Dios en mis expresiones cuando escribo, yo que no soy religioso para nada. Un día pensaré sobre ello) Al menos tengo una Licenciatura, porque los pobres universitarios de hoy en día ni eso. "Tengo un grado en ...". Menuda mierda. Hoy no quito los tacos. Ahí se quedan, para la posteridad. Y es que son las tres de la mañana. Y llevo todo el día escribiendo, me duele la espalda. Y realmente hoy estoy excesivo. Pero qué más da. El caso es que, volviendo al tema que me interesa hoy y para zanjar de una vez por todas este periplo de tres años: sí, me he decantado hacía la escritura de ficción. Bueno, hace ya bastantes meses. Por eso no he vuelto a escribir desde hace tiempo esos artículos tan inclasificables, pero eso sí, tan sinceros, tan auténticos, tan míos. Y acabé mi segundo libro de relatos "Perseguido, perseguidor" y en él está incluido ese relato que hay más abajo, "Intersección" y que nadie ha leído y que es uno de mis favoritos, de lo mejor que he escrito. Y llevé el libro a Anagrama y me dijeron que no les interesaba, cosa que yo ya sabía porque nadie publica en España libros de relatos, y menos de un completo desconocido. Este año ha sido duro, ocho meses trabajando como un burro para sacar adelante uno de mis negocios, para intentar levantarme después del ataque a todos los niveles de esta crisis inacabable que se ha cebado con casi todos. Y bueno, qué puedo decir, aún sigo aquí. En agosto acabé, dejando todo de momento atado y traspasé el testigo a mi novia. Y lo está haciendo fenomenal, no esperaba menos de ella. ¿Y qué hago yo? Pues no he vuelto todavía a mi silla en el Paseo de Gracia de Barcelona a continuar con el trabajo que realicé durante 15 de los últimos 17 años de mi vida (los últimos fueron sabáticos), aunque no me hubiese venido nada mal el dinero para pagar facturas. No. Me he tomado cuatro meses más para escribir una nueva novela. De ciencia ficción. Y para ello me he venido a Francia. Sí, hace casi dos semanas que estoy en una casa para mí sólo, en un precioso pueblecito de Francia, Villemoustaussou, a 5 km de Carcassonne haciendo lo que más me gusta: escribir. Porque prácticamente no hago otra cosa. La cosa funciona invariablemente así: Me levanto, pon tú a las nueve, me ducho y desayuno fuerte (mis huevos poco hechos revueltos con queso, mi zumo de naranja y mi tazón de avena con arándanos) y a las 10 estoy escribiendo hasta las cuatro más o menos, seis horas (sin una interrupción, sin llamadas, sin compromisos, sin clientes que te incordien cada dos por tres, sin tener que ir al banco a hacer transferencias, ni a comprar aparatos, ni arreglar cosas, ni pelearse con técnicos, ¡qué maravilla!). Entonces hago un alto en el camino, no hay que pasarse que si no luego la sesión de tarde se resiente, me preparo la comida, y me doy un baño (es que esta casa tiene una bañera en la habitación de arriba justo delante del balcón y a esa hora da el sol y se está de gloria bendita). Luego cojo el coche, compro algo de fruta en una pequeña parada que hay de camino a Carcassonne (porque el tipo me cae bien, él no habla español ni yo francés, pero nos entendemos) o provisiones en un centro comercial y disfruto por la carretera del maravilloso paisaje, (Francia es preciosa), escuchando Pink Floyd o Dire Strais a todo volumen. ¡Qué placer! ¡Qué sensación de libertad! Cuando llego a Carcassonne, me dirijo directamente al Hotel Terminus (podría hacer el camino con los ojos cerrados), y me siento en un sillón del lobby del hotel, siempre el mismo, cerca del piano de cola que preside la sala. Allí aprovechando el wifi gratuito (en la casa no tengo), consulto el correo, resuelvo las dudas técnicas que me van surgiendo a medida que avanzo en la novela entrando en internet, hago fotos con el Ipad de los artículos científicos que me interesan y que me pueden servir para redondear la extravagante tecnología que me he inventado para el libro (sobre la atmósfera, espectro electromagnético, fisión nuclear, reactores de propulsión química, mecánica cuántica, cosas así) y que luego leeré durante la cena, y si me veo inspirado me siento al piano a tocar algunas piezas (allí ya me conocen). A veces estoy una hora, a veces más y la docena de personas que me escucha suele aplaudir al final de cada pieza (qué majos), y algunos hasta me felicitan y me agradecen por la música que les he interpretado (qué gente más educada), y eso que no estoy muy fino, y me olvido de algunos acordes y no tengo aquí las partituras (este año he perdido mucho, el trabajo no me ha dejado ni tocar, ni hacer clases, ni nada, ya me recuperaré el año que viene). Cuando se me acaba el repertorio, me despido del conserje, un tipo fantástico que me dice: très bien!, y me vuelvo a Villemoustaussou. Escribo cuatro horas más, parándome en medio para prepararme una ensalada enorme y a la cama entre la una y media y las dos. Y vuelta a empezar. Así todos los días. Sólo hice turismo un día, el primero, para visitar la Ciudad Medieval que es una maravilla. Antes de volver a Barcelona pasearé por el Canal du Midi, ese fantástico Canal que juntó con el Canal de Garonne, atraviesa toda Francia desde el Mediterráneo al Atlántico, para adornarme los ojos con paisajes inolvidables. Hasta siempre. Ah, y tengan cuidado ahí fuera!

 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

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