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ACERO Y PLATA DE LUNA

Mi Filosofía Diez veces me caí

Diez veces me caí

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Y diez veces me levanté. Han pasado veinte y desde hace diez no me he vuelto a caer. Bueno, no me he caído de un caballo, en la vida en estos diez años me he caído y me la he pegado, como todos, unas cuantas veces. Pero como decía Rocky, lo importante no es cuánto puedes pegar sino cuánto puedes encajar. Y yo encajo golpes como nadie. Es mi especialidad. Que yo sepa, no existe el manual del buen encajador pero si alguien se entretuviera en escribirlo, no debería dejarse en el tintero algunas reglas básicas. Y no es que sea yo un gran seguidor de reglas pero nunca está de más conocerlas. Para empezar, hay que tener un buen juego de cintura, proteger como si te fuera la vida en ello, y te aseguro que te va la vida en ello, los puntos débiles: la cabeza y los costados. Otro requisito fundamental es tener un buen estómago y un buen corazón porque si no, pasarte la vida encajando golpes al final te pasa factura. Verás, para encajar en ese rol tienes que ser valiente pero no temerario, has de tender la mano pero no descuidar tu espalda, debes pensar con la cabeza y actuar con corazón. Yo creo que hay que tener alma de luchador y asumir que vas a perder muchas batallas y no olvidar que la vida es una carrera de larga distancia y hay que llegar al final con dignidad y manteniéndote fiel a tus principios. Para ser un buen encajador también tienes que ser persona optimista, si no, olvídate, no tienes nada que hacer. Finalmente para obtener el título de Gran Encajador está la cuestión del estilo. Cuando vas recibiendo los golpes, por duros que sean, nada de quejarse, maldecir la suerte de uno o echar las culpas a los demás. No. Tú puedes estar hecho polvo por dentro, quizás te estás desangrando, pero los demás no van a ver ni una grieta en tu espíritu, no te van a ver desencajado ni perdiendo la compostura. No. Tú vas a poner algo así como cara de póker o en todo caso esbozar una muy ligera sonrisa como diciéndole a tu rival, a tu jefe, a tu dios, al mundo: “si tenías pensado que con esto ibas a hundirme vas a tener que hacerlo mejor porque hoy he tenido un mal día pero mañana vuelve a salir el sol”.

 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

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