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ACERO Y PLATA DE LUNA

Música Kimbra

Kimbra

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El pop no es lo mío. No va conmigo. Y el pop español, no digamos el catalán, todavía menos, vamos, que no lo soporto. Eso en líneas generales. Para marcar el terreno. Luego hay diversas consideraciones: artistas concretos, canciones puntuales o temas que te despiertan cierta nostalgia o que te traen recuerdos de momentos pasados. También tienes a artistas como George Michael, para mí el mejor intérprete pop con diferencia, que tiene una gran voz, talento y personalidad. Fui a su último concierto en Barcelona y estuvo bien, cantando muchos de sus mejores temas y esgrimiendo una voz perfecta. Pero a mí me falta algo. Cuando voy a un concierto me gusta que me sorprendan, que me den algo más que lo que sale en el disco. George Michael estuvo fantástico con su voz, impecable, pero no me ofreció nada más. Las canciones eran casi idénticas a las grabadas y la instrumentación igual. Claro es pop. Y ahí es donde quería ir. A menos que te presenten un pop-rock o que los artistas se lo curren mucho en el escenario el pop difícilmente te sorprende. Depeche Mode, que ya lo bailaba yo en las pistas hace veinticinco años por lo menos y que hacían un pop relleno de sintetizadores han evolucionado hacia un pop-rock magnífico, en el que dan prioridad a instrumentos más clásicos del rock, como guitarras, bajo y batería. Su último concierto en Barcelona fue apoteósico. Magníficas guitarras, voces estupendas, parece que no pasa el tiempo para estos tíos, temas míticos, muchos arreglos en las canciones, cambios de ritmos, solos instrumentales… Lo pasé en grande.

Me gusta escuchar casi cualquier tipo de música, pero en directo donde disfruto de verdad es en los conciertos de rock, de blues o de jazz. Es decir con mi música, con la música que me apasiona. Y a menudo prefiero ver en directo a un grupo desconocido, pero buenos músicos, tocando algo de rock o de blues en una sala pequeña, sentado a escasos metros de la banda, que estar en un macroconcierto de algún grupo consolidado, situado a lo mejor a cien metros de los cantantes y escuchando las mismas canciones de siempre. Porque lo realmente bueno del rock y del jazz es que la misma canción puede sonar cada día de una manera diferente: se pueden acortar los temas, estirarlos, cambiar el tono de la voz, alargar muchísimo los solos instrumentales, cambiar el ritmo, improvisar una y otra vez. Y eso es lo que espero de un concierto, porque para escuchar lo mismo que sale en el cd me quedo en casa.

Hace un par de sábados fui al concierto de la cantante neozelandesa Kimbra y me encantó. Y mira que no hace mi música. Pero es un placer ver y escuchar a gente con talento. La chica es jovencísima, 22 años, pero tiene gran personalidad y una voz prodigiosa. Para mi gusto gritó demasiado en el concierto, yo estoy más acostumbrado a los tonos más graves y suelo escuchar voces de intérpretes masculinos, tipo Leonard Cohen, Mark Knopfler o J.J. Cale. Pero es que Kimbra es un vendaval con su potente y bonita voz a la par que versátil, lo mismo te hacía unos graves fantásticos que subía dos octavas y te deleitaba con unos agudos que no te lo crees. Portentosa. Y no sólo eso, la cantante se hizo en seguida con el público, con un aplomo de alguien mayor y derrochando una energía, eso sí propia de su edad, para deleitarnos con un concierto magnífico. Es un verdadero animal escénico, sin duda, y encima guapa, pero con una belleza auténtica, nada que ver con esas cantantes actuales que parecen clones unas de otras. Y a mí particularmente me gustó algo que enlaza con lo que comentaba antes del pop y del rock: aunque Kimbra se aleja de la típica cantante de pop y mezcla muchos estilos, e incluso se atreve con temas de jazz, como la magnífica versión que hace de Plain Gold Ring y que supera en fuerza y virtuosismo a la mismísima Nina Simone, en realidad su música, hoy por hoy, es pop. Pero, y esto es lo realmente grande, la cantante y sus músicos cambiaban tanto algunas canciones, con la voz, la interpretación y la instrumentación que apenas se parecían a las originales. En esos momentos me sentí como si estuviera en un auténtico concierto de rock. Y eso se lo agradezco. Podría seguir hablando de sus virtudes pero prefiero dejaros con la parte final de la crítica del concierto que hizo Karles Torra para La Vanguardia, que lo explica mucho mejor que yo. Cito textualmente: “Huyendo de convencionalismos y con una personalidad fuertemente definida, la cantante neozelandesa completó un espectacular concierto y conectando de mil amores con un público que acabó rendido a su arte. Bien puede decirse, pues, aquello de que el pasado sábado asistimos en el Apolo al nacimiento de una estrella. Toda una diva del pop sin fisuras”. Ni más ni menos. Os dejo con un par de vídeos de YouTube.

 

 

 
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"Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar"

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